Una memoria de la empresa que se arma sola, y el examen que la vigila.
Cada noche un proceso lee las bitácoras del equipo y teje un grafo de personas, proyectos y decisiones. Un examen de 25 decisiones reales lo llevó del 28 % de aciertos a 8 de cada 10. Meses después, otro examen con otra vara lo dejó atrás.
El porqué de las decisiones de una empresa vive en cabezas. Cuando quien lo sabía se va, se lleva qué alternativa se descartó, cuándo y con qué argumento. Las bitácoras del equipo, los registros diarios de trabajo por proyecto, ayudan, pero el texto suelto no sabe de relaciones ni de tiempo: no distingue que algo fue cierto hasta cierta fecha y después dejó de serlo. ¿Puede una memoria armarse sola desde ese trabajo diario y responder cuando alguien pregunta?
lo que construimosCada noche, un proceso lee las bitácoras del día con uno de los modelos de lenguaje más capaces del momento y teje un grafo: personas, proyectos, eventos y decisiones, con sus vínculos. Lo llamamos dream porque hace lo que hace el sueño: consolidar de noche lo vivido durante el día. Dos decisiones de diseño importan. Los nombres de personas, clientes y proyectos se anclan a nuestras tablas de negocio, curadas por personas, para que el modelo no invente entidades. Y cada hecho lleva fecha de vigencia: cuando algo cambia, el vínculo viejo no se acumula, se invalida y se reemplaza.
Para consultarlo seguimos un método inspirado en cómo el cerebro recupera recuerdos: se identifican las entidades que menciona la pregunta, se usan como puntos de partida y la señal se propaga por el grafo hasta traer los pasajes de bitácora relevantes. Un recuerdo llamando a otro.
la varaUn sistema de memoria que no se mide es un adorno. Armamos un examen de 25 decisiones reales del equipo, cada una verificada a mano contra su bitácora fuente. Acierto: que la respuesta correcta aparezca entre los cinco primeros resultados. Un banco chico a propósito: preferimos 25 preguntas duras a 500 blandas.
el resultadoEl primer resultado fue humillante: 28 % de aciertos. Diagnosticamos, corregimos el buscador del grafo, y llegó a 8 de cada 10, con la respuesta correcta cerca del segundo lugar en promedio. El examen quedó institucionalizado: de él salió una batería de 20 pruebas automáticas que corre ante cada cambio, y ningún cambio que baje del 80 % entra al sistema.
El examen medía si la fuente correcta aparecía entre los resultados. No medía si alguien, con esos resultados en la mano, lograba responder. Cuando meses después medimos eso, con 95 preguntas y un lector real, el grafo contestó 26 y leer el estado del proyecto contestó 80. Ese estudio lo sacó del camino de respuesta. Este queda publicado tal como se escribió, con la marca de superado, porque la disciplina que enseña, medir antes de creer, anclar el modelo en datos curados por personas y decir en voz alta lo que falta, es la que sobrevivió.